Efectos de los Ácidos Grasos sobre el Sueño en los Niños

Efectos de los Ácidos Grasos sobre el Sueño en los Niños

En los niños, el sueño de buena calidad es esencial para la salud general, el funcionamiento cognitivo y el bienestar emocional. Sin embargo, diversos estudios epidemiológicos revelaron que la falta de sueño es común en los niños de la mayoría de los países occidentales; incluso, algunos trabajos sugirieron una asociación entre el sueño de mala calidad, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y otras alteraciones de la conducta y el aprendizaje.
Tanto en los niños como en los adultos, la ingesta apropiada de ácidos grasos omega-3 y omega-6 es fundamental para la salud en general y el desempeño cognitivo. De hecho, estos ácidos grasos son esenciales para la estructura y la función de la mayoría de las células y los sistemas del organismo.
No obstante, las dietas occidentales se caracterizan por el bajo contenido de ácidos grasos omega-3 de cadena larga, como ácido eicosapentaenoico (EPA) y ácido docosahexaenoico (DHA). La deficiencia de estos ácidos grasos se ha relacionado con el TDAH y otros trastornos de la conducta y el aprendizaje en los niños. Algunos trabajos sugirieron que el aporte de estos ácidos podría mejorar los patrones de conducta y la función cognitiva en los niños en edad escolar.
En un estudio del Reino Unido en niños sanos se comprobaron niveles extremadamente bajos de EPA y DHA en sangre.
Desde hace tiempo se reconoce la importancia de los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (LC-PUFA [long-chain polyunsaturated fatty acids]) en el inicio y el mantenimiento del sueño. El ácido araquidónico (AA) es
un precursor de la prostaglandina D2, inductora del sueño, y el DHA parece desempeñar un papel en la regulación del sueño. La información en conjunto sugiere que el equilibrio entre el DHA y el AA en la glándula pineal es importante
en la modulación de la síntesis de melatonina, y los niveles altos de DHA se asociaron con concentraciones elevadas de melatonina. El DHA sería necesario para la transformación de serotonina en melatonina.
Diversos ensayos epidemiológicos mostraron que los niveles elevados de ácidos grasos omega-3 se asocian con menos trastornos del sueño en los lactantes, los adultos y los pacientes con TDAH. En los trabajos clínicos, el aporte de ácidos grasos omega-3 mejoró la calidad del sueño; sin embargo, la información al respecto todavía no es concluyente.
Las principales fuentes de ácidos grasos omega-3 incluyen el pescado y determinados aceites vegetales, así como algunos frutos secos, especialmente las nueces.
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